Reformar la Constitución cuando el pueblo se cae.
En Entre Ríos, como en la Argentina, la realidad no se tapa con discursos grandilocuentes ni con maniobras institucionales. Hoy la provincia atraviesa una crisis profunda: caída del empleo, parálisis productiva, desplome del consumo, jubilados ajustados, turismo en retroceso y obra pública detenida. Esa es la vida concreta de nuestro pueblo. Esa debería ser la agenda.
Sin embargo, el gobierno provincial elige otro camino: instalar apresuradamente la reforma de la Constitución como si fuera la prioridad de las y los entrerrianos. No lo es. Y no lo será mientras haya familias que no llegan a fin de mes, trabajadores que pierden su empleo y economías regionales asfixiadas por el ajuste que baja desde Nación.
La reforma constitucional no es un trámite técnico ni un gesto administrativo.
Es un hecho político mayor que requiere tiempo, consenso social, debate profundo y legitimidad popular. Nada de eso existe hoy. Lo que sí existe es urgencia económica y social. Y cuando un gobierno discute la Constitución mientras la gente no puede discutir cómo pagar la luz o el alquiler, algo está profundamente desfasado.
Cambiar el eje para no hablar del ajuste
El experimento libertario que conduce Milei y que Frigerio administra en la provincia responde a una lógica clara: ajuste, retirada del Estado y transferencia de recursos hacia los sectores concentrados. Cuando los números no cierran y el malestar social crece, aparece la necesidad de correr el eje del debate. Ahí entra la reforma.
No es casualidad. Es una maniobra política para ocupar agenda, simular iniciativa y ganar tiempo, mientras se profundiza un modelo que excluye a las mayorías. Hablar de Constitución mientras se desfinancia la educación, se paraliza la obra pública y se abandona la producción es, como mínimo, una falta de respeto a la ciudadanía.
El peronismo no le teme al debate, pero no acepta trampas
Desde el peronismo siempre defendimos la Constitución, la legalidad y la ampliación de derechos. Cuando hubo reformas, se hicieron con participación popular, diálogo y construcción colectiva. Las transformaciones profundas no se imponen desde arriba: se construyen desde abajo.
No hay condiciones políticas ni sociales para una reforma constitucional exprés, impulsada de manera unilateral y desconectada de la realidad cotidiana del pueblo entrerriano. Mucho menos cuando el verdadero objetivo parece ser adaptar las reglas de juego a un modelo de ajuste permanente.
La verdadera reforma pendiente
Entre Ríos no necesita hoy una Constitución hecha a medida del ajuste. Necesita políticas que reactiven el trabajo, cuiden la producción, protejan a los jubilados y fortalezcan un Estado presente al servicio del interés público.
No se reforma la Constitución para tapar el fracaso de un modelo económico. No se discuten papeles mientras se destruye el tejido social. No se gobierna de espaldas al pueblo.
La historia del peronismo es clara: primero está la gente. Todo lo demás viene después.
La lealtad del peronismo es con el pueblo, no con el poder
El peronismo no nació para administrar la resignación ni para convalidar agendas ajenas.
Hoy, frente a un gobierno provincial que avanza con decisiones urgentes solo para algunos y costos permanentes para muchos, nuestro lugar es claro: somos oposición.
Oposición responsable, pero oposición al fin.
No fuimos votados para acompañar silencios, ni para legitimar políticas que perjudican a los entrerrianos. Fuimos votados para defender derechos, señalar injusticias y representar a quienes esperan una voz firme.
Cuando el poder acelera, el peronismo debe frenar.
Cuando el poder negocia entre pocos, el peronismo debe estar del lado de las mayorías.
La lealtad que nos ordena no es hacia los despachos: es hacia nuestro pueblo y hacia quienes confiaron en nosotros.
Por Consejo de Unidad Básica del PJ Ibicuy



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