La batalla cultural que los pueblos no deben perder
Globalización o dependencia recargada: la batalla cultural que los pueblos no deben perder
En régimen que gobierna la Argentina ha profundizado una de las ofensivas más feroces del neoliberalismo contra los pueblos periféricos. Mientras los países centrales rediseñan sus estructuras productivas para sostener su hegemonía en la economía global, a nosotros nos quieren imponer el rol de simples exportadores de materias primas. Nos venden el verso de la globalización como una “oportunidad”, pero lo que vivimos es una recolonización disfrazada de modernidad.
La globalización: ¿progreso o sometimiento?
Desde la década del 90, la globalización neoliberal(1) se presentó como un fenómeno inevitable: “la aldea global”, “la caída de las fronteras”, “el mundo interconectado”. Pero como bien explican sociólogos como Boaventura de Sousa Santos o Zygmunt Bauman, esa globalización no es neutral: está diseñada desde los centros del poder para beneficiar a los de siempre, y despojar a los pueblos del Sur del mundo de su autonomía, sus recursos y su cultura.
Manuel Castells advirtió que este proceso no solo afecta a la economía, sino también a las identidades. Lo que se exporta no es solo mercancía: también se exportan valores, lenguajes, estéticas y sentidos. Y así como se importa iPhones, se importa también el modelo de vida del consumo desenfrenado, el individualismo, la despolitización y la idea de que “el mercado lo arregla todo”.
¿Qué significa esto para la Argentina?
Hoy el gobierno nacional está alineado sin tapujos con esta lógica. Se jactan de “insertarse en el mundo”, pero lo que hacen es poner en venta la Patria, y entregar nuestra soberanía a los poderes financieros internacionales, el Fondo Monetario Internacional, y las multinacionales. Se destruye el Estado, se desfinancian las universidades, se reprimen las protestas, y se criminaliza la pobreza.
Nos quieren convencer de que el problema es el gasto público, los derechos laborales o los sindicatos. Pero el verdadero problema es que no quieren un país con justicia social, quieren un país de servicios para el capital extranjero. Un país sin industria, sin educación pública, sin salud, sin ciencia, sin cultura nacional.
Contrahegemonía y resistencia
El neoliberalismo no sólo opera en los precios y las leyes: opera en la cabeza de las personas. Como decía Gramsci, la hegemonía se construye también desde el sentido común. Por eso, la batalla es cultural, y el campo popular tiene la obligación de dar esa pelea todos los días, en cada barrio, en cada club, en cada universidad y en cada red social.
Los pueblos resisten. Las culturas locales no se entregan tan fácil. Como dice Sousa Santos, hay una “globalización desde abajo” que se opone a la globalización neoliberal, basada en la solidaridad, los derechos, la dignidad y la justicia.
El peronismo siempre fue una respuesta contra la dependencia. Nacimos para romper con los lazos coloniales, para dignificar al trabajador, para defender nuestra industria, para construir un país con soberanía política, independencia económica y justicia social. Esa doctrina sigue vigente, más que nunca.
No somos colonia
Nos quieren volver colonia. Pero no lo vamos a permitir.
Como decía Evita: “Donde hay una necesidad, nace un derecho”. Hoy el derecho más urgente que tenemos es recuperar el proyecto nacional, popular y soberano. No hay libertad posible sin justicia social. No hay democracia real sin soberanía económica. No hay cultura viva si todo lo que somos se define desde afuera.
Que lo escuchen bien los libertarios de cartón: Argentina no se vende. El pueblo argentino no se rinde.
Por Consejo de Unidad Básica del PJ Ibicuy
(1) Desde fines de los años 70, la globalización neoliberal comenzó a instalarse en Argentina de la mano de la dictadura cívico-militar y Martínez de Hoz. En los 90, ya sin botas pero con el mismo libreto, se consolidó como un destino inevitable.



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