Desocupación, ajuste y abandono: el desastre de Milei y Frigerio
El ajuste no solo afecta al sector privado, la administración pública también tuvo despidos masivos. Ibicuy no fue la excepción: en el municipio local, trabajadores fueron despedidos y perseguidos injustamente, sumándose a una política de vaciamiento del Estado que solo genera más pobreza e incertidumbre.
Este modelo de exclusión necesita cómplices en los municipios. Intendentes del PRO y la UCR implementan sin cuestionamientos las políticas de ajuste, despidos y tarifazos dictadas desde la Casa Rosada y la gobernación entrerriana. En lugar de defender a sus comunidades, aplican recetas neoliberales que castigan a los sectores populares y benefician a los poderosos de siempre.
Mientras tanto, los gobiernos de Frigerio y Milei, lejos de la "libertad" y el "orden" que pregonan, han sumido al país en una profunda crisis. Sus gestiones se han caracterizado por un saqueo sistemático de los recursos públicos, dejando tras de sí un rastro de destrucción en áreas cruciales para el bienestar de la población. La educación pública, desfinanciada y abandonada, se desmorona día a día, con escuelas carentes de recursos básicos y maestros desmoralizados por la falta de apoyo. La asistencia social, recortada sin contemplaciones, deja a miles de familias sin la ayuda vital que necesitan para sobrevivir, empujándolas a la pobreza extrema.
Los derechos laborales, pilares fundamentales de una sociedad justa, son sistemáticamente atacados, dejando a los trabajadores expuestos a la precariedad y la explotación. La obra pública, paralizada en su mayoría, genera desempleo y frena el desarrollo del país. El programa de desarrollo humano, crucial para la mejora de la calidad de vida de la población, se encuentra en estado de completo mal funcionamiento, dejando sin atención a aquellos más vulnerables.
Los jubilados, quienes dedicaron su vida al trabajo y al país, son víctimas de un ajuste despiadado. El PAMI, institución fundamental para su atención médica, se encuentra vaciado, dejándolos sin medicamentos, sin atención digna y, en muchos casos, sin esperanza. La falta de acceso a la salud se agrava, dejando a los más ancianos expuestos a enfermedades y sufrimientos innecesarios.
La situación se agrava aún más con el incremento de la pobreza. Mientras un puñado de privilegiados se enriquece a costa del sufrimiento ajeno, haciendo negocios con el hambre del pueblo, la sociedad se desintegra, perdiendo su tejido social y moral. Nación y provincia, lejos de buscar soluciones a los problemas reales de la población, se empeñan en profundizar la desigualdad y el desamparo, creando un escenario de desesperación y falta de futuro. La "libertad" y el "orden" que prometen son una farsa, una cortina de humo que esconde la realidad de un país saqueado y devastado.
Desde el Partido Justicialista de Ibicuy denunciamos este ataque a los trabajadores y a las familias que dependen de su salario para vivir. No vamos a quedarnos callados mientras destruyen el empleo y precarizan la vida de nuestro pueblo. Es momento de organizarnos y resistir, porque el enemigo es la pobreza, no los trabajadores.
Por Consejo de Unidad Básica del PJ Ibicuy



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